En salud mental
también veremos cambios profundos gracias a la inteligencia artificial, pero no
en el sentido de reemplazar a psicólogos, psiquiatras o sabedores
interculturales. La salud mental sigue siendo un encuentro profundamente humano
donde la empatía, la confianza, la comprensión del contexto, el conocimiento
ancestral y el vínculo de ayuda son insustituibles.
Lo que sí veremos
será una inteligencia artificial capaz de apoyar la detección temprana de
señales de riesgo, identificar patrones de depresión, ansiedad o conducta
suicida, ayudar en la priorización de casos urgentes, facilitar seguimientos,
analizar grandes volúmenes de información clínica y acercar orientación inicial
a personas que hoy no tienen acceso oportuno a los servicios.
En países como
Colombia, y en regiones como Antioquia, Urabá y municipios como Chigorodó,
donde las necesidades en salud mental superan con frecuencia la capacidad
instalada de los servicios, la salud mental comunitaria jugará un papel
fundamental. La información generada por estrategias territoriales como los
Centros de Escucha, los Grupos de Apoyo, los Tambos de Armonización Emocional
Intercultural, los Terapeutas Populares, los Comités Escolares de Salud Mental,
las Mesas Municipales de Salud Mental, las Redes Protectoras, los Equipos
Básicos de Salud, los Voluntariados en Salud Mental, los Observatorios Locales
de Salud Mental y otras iniciativas de participación social y comunitaria podrán
alimentar sistemas de inteligencia artificial capaces de identificar
tendencias, factores de riesgo emergentes y poblaciones que requieren atención
prioritaria.
Esto permitirá una
mejor planeación de recursos, una respuesta más rápida ante situaciones de
crisis y un acceso más oportuno a los servicios de atención. La tecnología
aportará velocidad y capacidad de análisis; la comunidad aportará el
conocimiento del territorio; y los profesionales, junto con los sabedores
interculturales, seguirán aportando el criterio humano, la sensibilidad, la
experiencia y el acompañamiento que ninguna máquina puede reemplazar.
Recuerdo que en el
año 2014, siendo docente de la UNAD, propuse que la universidad abriera el
programa de Derecho en modalidad virtual. Para muchos, aquella idea parecía
fuera de contexto y algo que tardaría muchos años en hacerse realidad. Sin
embargo, hoy la universidad cuenta con un programa académico de Derecho abierto
al público y con reconocimiento de alta calidad. Esa experiencia me enseñó que
muchas transformaciones que inicialmente parecen lejanas terminan
convirtiéndose en parte de nuestra realidad cotidiana. Creo que algo similar
podrá ocurrir en Colombia y en otros países de la región de las Américas con
los servicios de salud mental potenciados por inteligencia artificial. En ese
escenario, la salud mental comunitaria será decisiva por sus invaluables
aportes.
El futuro de la salud
mental no parece ser una competencia entre personas y máquinas, sino una
alianza entre inteligencia artificial, comunidad, sabiduría ancestral y
profesionales para cuidar mejor la vida, especialmente en aquellos territorios
donde cada oportunidad de detectar a tiempo puede marcar la diferencia.
La inteligencia
artificial puede ayudarnos a identificar el riesgo; pero seguirán siendo las
comunidades, los sabedores interculturales y los profesionales quienes ayuden a
transformar ese riesgo en oportunidades para proteger la vida.
Por José Gañan Bedoya
Chigorodó Antioquia –
Colombia, 15-06-2026
Fotografía Lic. Naty
Yela Salazar – UNAD Turbo Antioquia.
Referentes consultados
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Ethics
and Governance of Artificial Intelligence for Health.
- Cruz-González, P. y colaboradores. Artificial Intelligence
in Mental Health Care: A Systematic Review of Diagnosis, Monitoring and
Intervention Applications.
- Organización Panamericana de la Salud (OPS). A New Agenda for Mental
Health in the Americas.

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