domingo, 21 de septiembre de 2025

“Comprender para prevenir”: por qué el MACS nos convoca hoy.

 


Hoy, domingo 21 de septiembre, dediqué dos horas de mi tiempo de descanso para seguir las memorias del Primer Encuentro Departamental para la Socialización de los Avances del Modelo Comprensión del Suicidio (MACS) en el departamento de Antioquia, realizado el pasado 19 de septiembre en Medellín, en el marco de la Conmemoración del Día Mundial para la Prevención del Suicidio 2025. https://youtube.com/live/8lC5z-bghMs?feature=share

Apuntes motivados por la intervención de la profesional Carolina Mejía – psicóloga de la Universidad Pontificia Bolivariana -UPB, especialista en Psicopatología Clínica de la Universidad de Barcelona, magíster y especialista en Neuropsicología Clínica de la Universidad Javeriana.

En esta primera parte del evento hubo una frase que se me quedó tatuada: "En Antioquia no nos está matando una sola causa; nos hiere una trama". Como Referente Local de Salud Mental en Chigorodó, encargado del seguimiento del Evento 356 (Intento de Suicidio), esa frase no es teoría: es la vida misma, acá, todos los días.

Y por eso quiero invitarte a conocer el MACS: el Modelo Antioqueño para Comprender el Suicidio. No es un acrónimo más. Es una forma distinta de mirar el dolor, de hacer preguntas que abren y de actuar antes de que sea tarde.

Imaginá que estas líneas fueron escritas entre varias voces: la de tres expertos que nos ayudan a entender desde distintas esquinas, y al final, la voz de la tierra que habitamos.

La voz de Joiner: cuando se quiebra el sentido de pertenecer.

Thomas E. Joiner, psicólogo estadounidense, habló de un triángulo peligroso: sentir que no se pertenece, creer que uno es una carga, y haber desarrollado cierta tolerancia al dolor. Acá, en el Urabá, ese triángulo no es teoría: lo vemos en la vereda cuando se va el trabajo, en la casa cuando nadie escucha, o en la calle cuando el barrio calla. He escuchado muchas veces frases como: "Yo estorbo", "Soy un problema", "Nada de lo que haga sirve". Y sí, también he visto cómo la exposición constante a violencia o sustancias puede endurecer el umbral del miedo.

Joiner no nos da una receta, pero sí una clave: no es una sola cosa, es la mezcla. Y esa mezcla, si no se nombra, nos sorprende cuando ya es tarde.

La voz de Shneidman: ponerle nombre al dolor del alma.

Edwin S. Shneidman, pionero en el estudio del suicidio, habló de "psychache": un dolor psíquico que arde tanto que la persona solo quiere que pare. En nuestras palabras más simples: el alma dolida, esa que se nos nota en la mirada pero no en el diagnóstico.

“Pablo nunca dijo que estaba mal”, escuché decir en una reunión de comunidad. No es debilidad ni falta de carácter; es sufrimiento hondo, callado. Nuestra tarea es bajar el volumen del silencio. Decir, sin pena, "Parce, ¿Querés hablar?". No es una frase de campaña; es una llave que abre la posibilidad de seguir vivos.

La voz de Mann: por qué a algunos la tormenta los hunde más

John J. Mann lo explicó claro: no todas las personas responden igual al mismo dolor. Hay vulnerabilidades que nos predisponen: impulsividad, desesperanza, historia personal. Dos vecinos pueden vivir el mismo duelo, y uno se levanta, pero el otro se queda abajo.

En Antioquia, esas vulnerabilidades no viajan solas: se cruzan con lo psicológico, lo social, lo económico, lo histórico, lo territorial. La "verraquera" nos ayuda, pero a veces también nos calla. Las montañas son identidad, pero también distancia. Y la economía, si aprieta sin descanso, puede romper a alguien que no tiene red.

La voz nuestra: el MACS como mapa y brújula

En 2023, tras revisar más de 562 casos, Antioquia hizo algo valiente: crear su propio modelo. El MACS no viene de afuera; nace desde lo que somos y vivimos. Se mueve en cinco niveles que se entrelazan:

1.     Universal: mensajes y gestos para todos. Ejemplo: ¿Querés hablar?".

2.     Selectivo: atención a quienes están en riesgo particular: desplazados, cuidadores, trabajadoras del campo.

3.     Indicado: cuando ya hay señales de alerta.

4.     Tratamiento: después de un intento, el seguimiento no puede fallar: 24 h, 72 h, 7 días, 30, 180.

5.     Postvención: acompañar a la familia y comunidad para que el dolor no se vuelva cadena.

Y nos deja una herramienta simple que cabe en el bolsillo y puede salvar en la calle: A N T I O Q U I A. Antecedentes. Necesidades. Trastornos/consumo. Ideación. Oportunidad. Quiebre de red. Urgencia. Intervenciones. Ambivalencia.

No reemplaza una evaluación clínica, pero ayuda a mirar con más claridad, a actuar con más acierto.

Lo que el mundo ya comprobó (y podemos aplicar aquí)

Hay cosas que funcionan y podemos adaptar:

·         Guardar los pesticidas bajo llave.

·         Formar agentes comunitarios: profes, conductores, tenderos, líderes. Personas que vean, pregunten, escuchen, actúen.

·         Quitar el estigma: hablar sin miedo. Que el "¿Estás bien?" no sea formalidad sino puerta abierta.

·         Empezar desde la infancia con educación emocional.

·         Crear redes que respondan, no solo que suenen bonito.

Otros países ya bajaron las cifras. Nosotros tenemos algo que ellos no: sabemos dónde está la herida. Y tenemos la gente.

Mi invitación desde Chigorodó

Este mensaje es para vos. Para la profe, para el señor del bus, para la vecina, para el pelado que entrena, para la señora de la tienda. No necesitamos ser expertos; necesitamos estar presentes. Lo técnico ayuda, pero lo que salva es el vínculo.

Aprendé el ANTIOQUIA. Son nueve pistas que cualquier persona puede usar. Formate como centinela: con una capacitación de 90 minutos podés ser parte del cambio. Ayudá minimizando el riesgo. Guardá los pesticidas, poné atención a quien se aísla. Decilo en voz alta: ¿Querés hablar?". Y esperá la respuesta.

Conectá. Porque la diferencia está en el tiempo: 24 h, 72 h, 7 días, 30 días, 6 meses. Esa secuencia puede sostener una vida entera.

El MACS no es un documento. Es una forma de estar en Chigorodó, de mirar al otro sin juicio, de hacer espacio en medio del caos. Si logramos que alguien dude un poquito antes de rendirse, si llegamos justo cuando esa ambivalencia se asoma, ya estamos haciendo la diferencia.

Entre todos, no solo comprendemos: también prevenimos. Y también sostenemos la esperanza.

 

Por José Gañan Bedoya. – Chigorodó, 21-09-2025.