En Colombia, hablar de salud
mental ya no debería ser un tema reservado a especialistas ni limitarse a
encuentros académicos. Con la aprobación de la Ley 2460 de 2025 —firmada por el
presidente Gustavo Petro Urrego— estamos ante algo más profundo: un cambio de enfoque,
casi un cambio de alma. No se trata únicamente de una reforma legal; es, como
yo lo veo, un acto de dignidad colectiva. Esta ley nos invita a mirar de frente
ese dolor que como sociedad hemos aprendido, por costumbre o resignación, a
callar.
Durante años, el sufrimiento
psíquico fue tratado como un asunto clínico, como si bastara con una pastilla o
una etiqueta diagnóstica. Pero esta nueva ley —y lo digo con esperanza—
reconoce algo que muchas comunidades ya sabían de sobra: que las heridas emocionales
no se curan solo en consultorios, sino también en los lugares donde se
originan. La pobreza, la exclusión, la violencia heredada como si fuera parte
del paisaje... ahí se encuentra buena parte de lo que hoy llamamos enfermedad
mental. Y esto, en Urabá y sus municipios —entre ellos, Chigorodó— se conoce
muy bien.
Es en este punto donde la Ley
2460 marca una diferencia real. Declara la salud mental como un derecho humano
universal —sin privilegios ni excepciones— y promueve un enfoque
biopsicosocial. Suena técnico, sí, pero el fondo es simple y contundente: hay
que ver al ser humano en su totalidad. No somos cerebros flotando en el vacío;
somos historias, vínculos, traumas, afectos, espiritualidad. Y todo eso cuenta.
Lo interesante —y también lo
valiente— es que esta ley no se limita al sistema de salud. No es un asunto
exclusivo del Ministerio de Salud, ni de las EPS o IPS, ni de las Secretarías
de Salud y Protección Social, ni de las Alcaldías Municipales. Las escuelas,
las empresas, los medios comunitarios y de comunicación, e incluso las
cárceles… todos tienen un rol que cumplir. Se plantea la creación de comités
escolares para identificar señales de alerta en niños, adolescentes y jóvenes;
se exige a las empresas una gestión real del riesgo psicosocial; se propone un
observatorio nacional capaz de generar datos útiles, situados, al servicio de
políticas públicas más justas.
Y no, esto no nació de un día
para otro. Esta ley es el resultado del trabajo constante y, muchas veces,
silencioso, de personas y colectivos que han venido construyendo desde abajo
una idea diferente de salud. Experiencias como las impulsadas por la
Universidad El Bosque han demostrado que otra manera de hacer las cosas es
posible. Una que mezcla el saber académico con la vivencia cotidiana. Una donde
la comunidad deja de ser paciente para convertirse en protagonista.
Por eso es tan valioso que la ley
reconozca a quienes históricamente han cuidado sin recursos ni aplausos: profesionales
independientes, madres, cuidadores, familiares, profesoras y profesores,
líderes barriales, líderes religiosos, escuchadores por vocación, entre tantos
otros. A ellos, por fin, se les brindan herramientas, formación y el lugar que
merecen. Ya era hora.
El presidente Petro lo ha dicho
en varios escenarios: la salud mental es política. Y claro que lo es. Porque
tiene que ver con cómo vivimos, cómo nos relacionamos, cómo esta sociedad nos
rompe —o nos repara— día a día. Hablar de salud mental es hablar del derecho a
la paz interior, a la conexión con los demás, a no cargar en silencio dolores
que en realidad son sociales.
No exagero si digo que esta ley
es un acto de reparación histórica. Es el intento de un país por asumir que sin
cuidado no hay democracia, y sin salud emocional no hay libertad verdadera. Lo
técnico está, por supuesto, pero lo más importante es el gesto. Un gesto que
dice: te vemos, te creemos, y vamos a hacer algo.
Y si ese es el camino que estamos
comenzando a recorrer, bienvenido sea. Porque tal vez —solo tal vez— estamos
empezando a construir una Colombia, un Antioquia, un Urabá y un Chigorodó donde
el Estado no le da la espalda al sufrimiento, sino que lo escucha, lo acompaña
y se compromete a transformarlo.
Para consultar el texto completo
de la Ley 2460 de 2025, puede acceder al siguiente enlace que se encuentra
disponible en esta publicación.
https://drive.google.com/file/d/1_1eur3zdI9-0MuWUStrGJL1t6m6ZRNH4/view?usp=sharing
Con esperanza,
José GB.





