En
tiempos de notificación perpetua, el dolor psíquico se vuelve silencioso. No
porque no exista, sino porque se dispersa: en las casas, las aulas, las
urgencias, el trabajo, los barrios y veredas. Hablar el próximo 10 de octubre de
salud mental en Chigorodó no es sumar un eslogan; es elegir una forma de estar
juntos. La conmemoración mundial nos ofrece una oportunidad estratégica para
alinear lo cotidiano con lo urgente: reconocer la vulnerabilidad psicosocial y
activar redes de apoyo que lleguen a tiempo.
En
el plano nacional, el marco vigente en salud mental nos convoca a operar rutas
con enfoque de derechos y ciclo vital. Eso se traduce en lo local: alcaldía,
EPS, IPS y secretarías trabajando con criterios claros, tiempos definidos y
responsabilidades compartidas. El Departamento de Antioquia ya avanza en la comprensión
y prevención del suicidio y en la vigilancia del Evento 356; la tarea consiste
en cerrar la brecha entre lo que se planifica y lo que realmente ocurre en
territorio.
Urabá
nos enseña que el sufrimiento no es una cifra individual: es una trama.
Movilidad humana, ruralidad dispersa, economías estacionales y violencias
marcan el cuerpo y la memoria. Por eso, el 10 de octubre; con trazabilidad a
los próximos meses y años debe operar como un catalizador: fortalecer primeros
auxilios psicológicos, llevar servicios a zonas apartadas, derribar estigmas
que callan y aislan, y tejer comunidad allí donde la vida cotidiana se
deshilacha.
Cada
actor social gana cuando la comunidad reconoce señales de alerta, sabe a dónde
acudir y encuentra respuesta coordinada: menos crisis evitables, más vidas
protegidas, mayor bienestar colectivo. No se trata de convertir el dolor en
espectáculo, sino de convertir el cuidado en infraestructura.
Cuatro objetivos locales para convertir el gesto en un sistema y factor protector:
1)
Aumentar la conciencia y la comprensión de los problemas de salud mental.
Conciencia
no es “saber que existe el problema”, es alfabetización práctica: reconocer
señales tempranas, activar factores protectores y rutas de atención en casa,
escuela y trabajo.
–
Escuelas y colegios (incluidas sedes rurales): pueden realizar microtalleres de
30–40 minutos sobre señales de alerta, ideación suicida y consumo de SPA, con
guías impresas de derivación (Secretaría de Salud, ESE Hospital María
Auxiliadora, Comisaría de Familia, ICBF).
–
Barrios y veredas: jornadas breves en JAC y templos con mensajes claros
(“hablar salva”, “pedir ayuda es valiente”) y demostraciones de Primeros
Auxilios Psicológicos.
– Canales locales: programas y cuñas radiales y WhatsApp comunitarios con tips de autocuidado y orientación paso a paso para activar la ruta (colegio → Secretaría de Salud → EPS/IPS, entre otros).
2)
Movilizar esfuerzos para apoyar a las personas con trastornos mentales.
Apoyo
real significa oportunidad, continuidad y pertinencia cultural.
–
Alianzas operativas con EPS e IPS (SURA, SAVIA SALUD, NUEVA EPS y prestadores
locales) para agendas priorizadas en psicología/psiquiatría en casos
post-crisis y remisiones escolares, entre otros.
–
Brigadas rurales y periurbanas con psicología, psiquiatría y trabajo social,
priorizando familias con antecedente de intento de suicidio (Evento 356) y
población indígena de las cinco comunidades (Polines, Dojura, Chigorodocito,
Guapá Alto y Saundó).
– Acompañamiento psicosocial domiciliario en alta vulnerabilidad (postvención, violencias, desescolarización).
3)
Luchar contra el estigma y la discriminación.
El
estigma es una tecnología macabra de silencio. Se desactiva con lenguaje,
ejemplo y estructura.
–
Campaña antiesigma con liderazgos juveniles, docentes e iglesias/medios
locales: mensajes cortos y repetidos (“la salud mental es salud”, “no es falta
de carácter, no es debilidad”).
–
Escuelas y empresas: protocolos de lenguaje respetuoso (evitar las expresiones
“loco”, “manipulador”), canales confidenciales para pedir ayuda sin sanción y
ajustes razonables en aula y puesto de trabajo.
– Cultura y deporte: festivales, torneos y murales en barrios priorizados con relatos de recuperación y redes de apoyo.
4)
Fomentar el diálogo y la colaboración entre personas, organizaciones y
gobiernos.
Nadie
debe trabajar aislado: datos compartidos, roles claros, respuesta coordinada.
–
Mesa Municipal de Salud Mental con actas, tareas y seguimiento: Salud,
Educación, ESE, EPS, ICBF, Comisaría, Personería, Policía, rectores, resguardos
y líderes comunitarios, entre otros.
–
Ruta intersectorial única (escuela–salud–protección–justicia) con teléfonos y
profesionales responsables, horarios y criterios de priorización, alineada con
la normatividad vigente -Ley 1616 de 2013, Ley 2460 de 2025 y Decreto 0858 de
2025, entre otros.
– Tablero mensual de seguimiento: notificaciones del Evento 356, tiempos de atención, causas y alertas frecuentes, barreras y acuerdos de mejora, entre otras.
Este
trabajo ya comenzó. El jueves 25 de septiembre de 2025, en la Institución
Educativa Rural Nel Upegui (vereda La Guaca), 13 docentes y su rectora
revisaron la Ficha de Detección Temprana y Activación de Ruta de Atención
Emocional para identificar, sin rodeos, situaciones de autolesión, ideación o
plan suicida, intentos de suicidio, estrés, ansiedad, depresión, posibles
violencias y consumo de sustancias, entre otras. Ese gesto es psico-pedagógico
y político: devuelve al aula su condición de comunidad de cuidado.
Que
esta apertura sea un compromiso y no un paréntesis. Si la vida contemporánea
nos empuja a la auto-explotación del rendimiento, respondamos con tiempos
lentos para escuchar, -prevenir, predecir y resolver-. Si el sufrimiento se vuelve privado y
vergonzante, respondamos con palabra pública y respetuosa. Si la trama duele,
tejamos más fino: redes que sostengan, instituciones que acompañen, lenguajes
que no hieran ni juzguen.
Chigorodó
merece que hablar de salud mental sea un acto cotidiano de cuidado, no de
vergüenza. Hoy abrimos esa puerta; el ideal es que mañana la mantenemos abierta
entre todos y todos los días.
Con
esperanza, José.
