domingo, 8 de marzo de 2026

La dignidad no pide permiso: el sentido profundo de la lucha de las mujeres en el mundo.

 


En este día que la memoria ha consagrado a las mujeres, no se celebra únicamente una fecha: se recuerda una larga marcha de dignidad que ha atravesado siglos de silencios impuestos, de derechos negados y de luchas persistentes.

Las conquistas que hoy parecen evidentes —el derecho a decidir, a estudiar, a participar en la vida pública y a ser reconocidas como sujetas plenas de ciudadanía— no surgieron de la benevolencia del poder, sino del coraje de mujeres que desafiaron órdenes sociales profundamente arraigados.

Ellas caminaron contra prejuicios, contra leyes injustas y contra la costumbre de callar lo que dolía. Cada avance en igualdad ha sido, en realidad, una grieta abierta en estructuras antiguas que pretendían limitar su voz y su libertad.

Gracias a esas batallas —políticas, culturales y morales— nuestras sociedades han aprendido lentamente a ser más justas, más democráticas y, sobre todo, más humanas.

Recordarlas hoy es reconocer que la historia del progreso también se escribe con la persistencia silenciosa de quienes cuidan, sostienen y transforman la vida.

Porque cuando una mujer defiende su dignidad, no solo protege su propia existencia: también resguarda el futuro emocional y moral de toda la sociedad.

La historia de mujeres que han levantado su voz en distintos lugares del mundo nos recuerda que la educación, la dignidad y la libertad no son privilegios, sino derechos humanos fundamentales que pertenecen plenamente a las niñas y a las mujeres de la humanidad.

Un reconocimiento especial a las luchas, las causas y la resiliencia de las mujeres de Colombia, de Antioquia, de la subregión de Urabá y del municipio de Chigorodó.

 


Por José Gañan Bedoya 

Chigorodó, Antioquia, 08 de marzo de 2026