sábado, 27 de diciembre de 2025

Más que cifras: Cuidar la vida también es cuidar la salud mental.

 


En Colombia hemos aprendido —a veces a la fuerza— a desconfiar de las palabras grandes. La política pública suele anunciarse con estruendo, los presupuestos se confunden con promesas y el discurso pretende ocupar el lugar de la realidad. Por eso conviene hablar sin adornos, con la sobriedad que impone la vida cotidiana. Una política no se mide por lo que dice de sí misma, sino por si llega o no llega a donde más se necesita.

La inversión del gobierno nacional en Antioquia, que supera los 587 mil millones de pesos, no debería leerse como una cifra para el aplauso fácil. Su verdadero sentido está en otra parte: en la posibilidad de sostener el sistema de salud allí donde históricamente ha sido más frágil. Los recursos públicos solo adquieren valor cuando se traducen en presencia efectiva, en servicios que funcionan y en instituciones que no colapsan.

Los números importan cuando dejan de ser abstractos. 4.281 millones de pesos para poner en funcionamiento 1.267 equipos de salud, integrados por 8.239 trabajadores que recorren los 125 municipios del departamento, significan algo elemental pero decisivo: llegar. Llegar a veredas -comunidades indígenas-, barrios y corregimientos donde la salud suele aparecer tarde o no aparecer nunca.

39.491 millones destinados a 142 vehículos de transporte asistencial -ambulancias- no son símbolos ni gestos políticos: son tiempos de respuesta más cortos, traslados más dignos y muertes que pueden evitarse.

35.320 millones invertidos en 25 proyectos de infraestructura y dotación hospitalaria no son maquetas ni renders: son salas abiertas, equipos disponibles y servicios reales.

Y 53.551 millones para sanear pasivos y fortalecer la prestación; evitado que hospitales al borde de la quiebra cruzaran una línea de no retorno que siempre termina pagando la ciudadanía.

Sin embargo, un análisis responsable no se agota en el inventario. El problema estructural de la salud en Colombia no ha sido únicamente la falta de recursos, sino la dificultad para sostenerlos en el tiempo, articularlos entre niveles y gobernarlos con rigor. Toda inversión pública solo adquiere legitimidad si se mantiene, se evalúa y se corrige cuando es necesario. La pregunta de fondo no es cuánto se invierte, sino cómo se administra esa inversión y qué impacto real tiene en la vida de las personas.

Mirado en prospectiva, este esfuerzo cobra un valor que con frecuencia se subestima: cuidar la vida también es cuidar la salud mental. Equipos que llegan, hospitales que no cierran y servicios que responden reducen la angustia cotidiana de quienes atraviesan duelos, crisis emocionales o situaciones límite. La certidumbre institucional —saber que hay a quién acudir— opera como un factor protector silencioso pero poderoso. En contextos de vulnerabilidad, la presencia del Estado no solo atiende cuerpos: contiene, acompaña y previene.

Por ello, resulta legítimo exigir que las entidades responsables de la prestación de estos servicios en cada municipio presenten, con claridad y responsabilidad pública, los logros concretos obtenidos en el mejoramiento de la salud y la salud mental de la población. No como un ejercicio retórico, sino como un acto mínimo de rendición de cuentas frente a la vida que se busca proteger.

Cuando la salud se organiza desde el territorio, la política pública deja de ser una abstracción técnica y se convierte en una red que sostiene la vida. En un país atravesado por la desigualdad, el dolor y la violencia, eso no es propaganda. Es, simplemente, una condición básica de dignidad.

 

Por José Gañan Bedoya – psicólogo.

Chigorodó, 27-12-2025.

 


Bibliografía.

Organización Mundial de la Salud (OMS). Atención primaria de salud y determinantes territoriales. World Health Organization. (2018). Declaration of Astana: Global Conference on Primary Health Care. WHO.

Organización Panamericana de la Salud (OPS). Salud mental comunitaria y redes de cuidado. Organización Panamericana de la Salud. (2021). Salud mental en la comunidad: orientaciones técnicas para la organización de servicios. OPS.

The Lancet Commission on Global Mental Health. Inversión pública, sistemas de salud y prevención. Patel, V., Saxena, S., Lund, C., et al. (2018). The Lancet Commission on Global Mental Health and Sustainable Development. The Lancet, 392(10157), 1553–1598. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(18)31612-X


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