sábado, 15 de agosto de 2026

Aquí, donde la vida sucede.

 



La vida ocurre únicamente en el presente, pero nosotros solemos vivir como si tuviéramos un contrato con el mañana.

Nos acostumbramos a respirar, a despertar, a trabajar, a caminar bajo el sol. Y aquello que debería parecernos extraordinario termina convertido en rutina.

Tal vez el verdadero peligro de vivir no sea morir, sino dejar de asombrarnos de estar vivos.

Por eso, para mí, vivir conscientemente es un acto de libertad. Significa mirar el día sin exigirle que repare el ayer ni que garantice el mañana.

Es aprender a decir: esto es lo que tengo; esto es lo que soy; este instante está sucediendo y no volverá a ocurrir exactamente así.

Y entonces aparece una libertad todavía más profunda: soltar.

Soltar no es olvidar. Tampoco significa negar lo que dolió. Es dejar de concederle al pasado el privilegio de seguir administrando nuestro presente.

Hay personas, heridas, culpas, decepciones y recuerdos que alguna vez fueron parte de nuestra historia, pero que no tienen por qué convertirse en habitantes permanentes de nuestra conciencia.

Hay momentos en los que la mayor demostración de fortaleza consiste en cerrar una puerta sin volver a comprobar si alguien sigue detrás.

Porque la vida nos pide estar disponibles para lo que todavía puede suceder.

Solo tenemos el día de hoy para una conversación inesperada. Para una risa que no estaba planeada. Para conocer a alguien. Para cambiar de opinión.

Para contemplar una montaña, escuchar una canción, sentir el viento o descubrir que, después de todo, todavía nos quedan motivos para maravillarnos de estar vivos.

Quiero despertar cada mañana con la humildad de quien sabe que ha recibido un día que jamás volverá a recibir de la misma manera.

Por eso, hoy no quiero vivir mirando el retrovisor de mi existencia.

Quiero mirar adelante, pero sin correr hacia el futuro.

Quiero estar aquí.

Aquí, donde la vida sucede.

Aquí, donde todavía puedo elegir, aprender, amar, perdonar, comenzar de nuevo y sorprenderme.

Porque mientras pueda asombrarme de seguir con vida, todavía no habré comenzado a morir.

 

Por José Gañan Bedoya

Chigorodó, 13 de agosto de 2026

Fotografía: Lic. Naty Yela Salazar.


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