La vida
ocurre únicamente en el presente, pero nosotros solemos vivir como si tuviéramos
un contrato con el mañana.
Nos
acostumbramos a respirar, a despertar, a trabajar, a caminar bajo el sol. Y
aquello que debería parecernos extraordinario termina convertido en rutina.
Tal vez el
verdadero peligro de vivir no sea morir, sino dejar de asombrarnos de estar
vivos.
Por eso,
para mí, vivir conscientemente es un acto de libertad. Significa mirar el día
sin exigirle que repare el ayer ni que garantice el mañana.
Es aprender
a decir: esto es lo que tengo; esto es lo que soy; este instante está
sucediendo y no volverá a ocurrir exactamente así.
Y entonces
aparece una libertad todavía más profunda: soltar.
Soltar no es
olvidar. Tampoco significa negar lo que dolió. Es dejar de concederle al pasado
el privilegio de seguir administrando nuestro presente.
Hay
personas, heridas, culpas, decepciones y recuerdos que alguna vez fueron parte
de nuestra historia, pero que no tienen por qué convertirse en habitantes
permanentes de nuestra conciencia.
Hay momentos
en los que la mayor demostración de fortaleza consiste en cerrar una puerta sin
volver a comprobar si alguien sigue detrás.
Porque la
vida nos pide estar disponibles para lo que todavía puede suceder.
Solo tenemos el día de hoy para una conversación inesperada. Para una risa que no estaba planeada. Para conocer a alguien. Para cambiar de opinión.
Para
contemplar una montaña, escuchar una canción, sentir el viento o descubrir que,
después de todo, todavía nos quedan motivos para maravillarnos de estar vivos.
Quiero
despertar cada mañana con la humildad de quien sabe que ha recibido un día que
jamás volverá a recibir de la misma manera.
Por eso, hoy
no quiero vivir mirando el retrovisor de mi existencia.
Quiero mirar
adelante, pero sin correr hacia el futuro.
Quiero estar
aquí.
Aquí, donde
la vida sucede.
Aquí, donde
todavía puedo elegir, aprender, amar, perdonar, comenzar de nuevo y
sorprenderme.
Porque
mientras pueda asombrarme de seguir con vida, todavía no habré comenzado a
morir.
Por José
Gañan Bedoya
Chigorodó,
13 de agosto de 2026
Fotografía:
Lic. Naty Yela Salazar.

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