jueves, 14 de mayo de 2026

La nueva pobreza en Colombia tendrá canas: vejez, pensión y salud mental en crisis.



En Colombia se volvió costumbre que el trabajador madrugue, soporte jornadas interminables, sobreviva a salarios precarios y, aun así, crea que al final de la vida laboral le espera algo parecido a la tranquilidad. Esa ilusión se llama pensión. O, mejor dicho: se llamaba.

Hoy sabemos que cerca de 280 billones de pesos de los ahorros de millones de colombianos terminaron invertidos fuera del país. Mientras aquí se derrumban hospitales públicos, cierran pequeños negocios y los jóvenes no encuentran empleo digno, el dinero del obrero colombiano alimenta mercados extranjeros y engorda portafolios financieros en otras economías. Legal, dirán algunos. Pero no todo lo legal es ético. Tampoco humano.

Porque detrás de cada peso ahorrado hay una historia silenciosa: la madre que dejó de comprar medicamentos para completar las cotizaciones; el trabajador que no logró ahorrar porque priorizó los estudios de sus hijos; el conductor que trabajó enfermo para no perder el día; el campesino que creyó que algún día podría descansar sin convertirse en una carga para su familia; el padre juicioso que cotizó durante años en lugar de comprar un lote o una casa donde pudiera morir con dignidad. 

Lo grave no es solamente la fuga de capitales. Lo verdaderamente grave es la fuga de esperanza.

En los Centros de Escucha y consultorios psicológicos ya comienza a sentirse un nuevo miedo colectivo: “¿Y si nunca me pensiono?”. Esa incertidumbre produce ansiedad, depresión, agotamiento emocional y una profunda sensación de estafa social que también termina robando las ganas de vivir. El colombiano vive trabajando para sobrevivir el presente mientras teme el futuro. Y un país que destruye la confianza en el envejecimiento digno también destruye la salud mental de toda una generación.

Mientras tanto, muchos alcaldes, gobernadores y presidentes siguen gobernando como si Colombia fuera un país eternamente joven. Construyen cemento, inauguran tarimas, gastan recursos en espectáculos pasajeros y, en demasiados casos, permiten que la corrupción avance con la complacencia o incapacidad de organismos de control y sectores institucionales que deberían proteger lo público. Pero pocos están pensando seriamente en lo que viene: una población cada vez más envejecida, con adultos mayores pobres, solos y emocionalmente fracturados.

¿Dónde están las políticas públicas para la vejez? Hay municipios en Colombia que aseguran ni siquiera tener recursos para formularlas. ¡Qué cinismo!

¿Dónde están los centros de atención en salud mental para adultos mayores? ¿Dónde están las ciudades pensadas para quienes ya no pueden correr detrás de un bus o subir una escalera interminable?

El envejecimiento poblacional en Antioquia avanza de manera acelerada. Actualmente, el departamento cuenta con cerca de 1,1 millones de adultos mayores, equivalentes aproximadamente al 15 %–16 % de su población total, mientras que en el municipio de Chigorodó se estima una población de entre 6.500 y 7.500 personas mayores de 60 años. Según las tendencias demográficas proyectadas por el DANE y los análisis de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, en los próximos 10 años Antioquia podría superar los 1,4 millones de adultos mayores, y Chigorodó acercarse o superar los 10.000 adultos mayores, consolidando un escenario donde aproximadamente una de cada seis personas pertenecerá a este grupo poblacional.

Colombia, Antioquia, Urabá y Chigorodó envejecen más rápido de lo que muchos dirigentes alcanzan a comprender. Y cuando llegue esa ola de vejez sin pensión, sin ahorro y sin salud mental, no habrá discurso político capaz de esconder la tragedia.

Porque el peor robo no siempre ocurre con un arma. A veces ocurre lentamente, desde oficinas elegantes, con lenguaje financiero y sonrisas corporativas. El peor robo es quitarle a un trabajador la posibilidad de descansar después de toda una vida de sacrificio.

 

Por José Gañan Bedoya

Chigorodó Antioquia – Colombia, 14-05-2026.

Foto: Lic. Naty Yela Salazar.

 

Referentes bibliográficos

Superintendencia Financiera de Colombia. (2026, 23 de abril). Decreto sobre inversiones de las AFP plantea un reto: contar con proyectos locales bien estructurados.

Fedesarrollo & Fundación Saldarriaga Concha. (2015). Misión Colombia Envejece: cifras, retos y recomendaciones. Editorial Fundación Saldarriaga Concha.


 

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