viernes, 3 de abril de 2026

Cuando la economía enferma la mente.

 


La práctica de crear contenido digital de opinión tiene aspectos positivos, pues algunos comentarios suscitan una mayor reflexión personal y, en consecuencia, la generación de nuevos saberes o conocimientos.

A propósito de una de mis publicaciones en Facebook y TikTok, titulada “No es que la gente sea débil, es que la vida se está volviendo insostenible”, y en relación con la reciente decisión del Banco de la República de aumentar la tasa de intervención del 10,25 % al 11,25 %, con argumentos que el país ya conoce, recibí de un lector el siguiente comentario:

“Está usted analizando un efecto y dejando de lado la causa. En palabras sencillas, está usted buscando al ahogado río arriba”.

Este comentario no solo me motivó a responder, sino también a ampliar el umbral argumentativo en los siguientes términos:

(…) Decir que estoy analizando solo el efecto es partir de una falsa separación: en fenómenos relacionales complejos como el suicidio, causa y efecto no están en lugares distintos, sino en una misma cadena.

Las decisiones económicas —como las del Banco de la República— no son un “después” del problema: son parte de las condiciones que lo producen y lo agravan. No estoy mirando río arriba o río abajo; estoy señalando que el río completo está contaminado.

Si el contexto material de vida (deuda, desempleo, encarecimiento) aumenta el sufrimiento psíquico —como lo ha documentado la Organización Mundial de la Salud—, entonces no es posible hablar de “causas” sin incluir esas condiciones.

Reducirlo a lo individual sería, en realidad, ignorar la causa más amplia.

 

Por José Gañan Bedoya

Chigorodó Antioquia, 04-04-2026

 


Referencias bibliográficas:


World Health Organization. (2014).

Preventing suicide: A global imperative.

Ginebra: WHO.


David Stuckler, & Sanjay Basu. (2013).

The Body Economic: Why Austerity Kills.

New York: Basic Books.


Émile Durkheim. (1897/2008).

El suicidio.

Madrid: Akal.



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