Esta
frase, breve pero certera, encierra no solo una mirada crítica sobre el
funcionamiento del poder, sino también una brújula íntima para el autocuidado.
Vivimos
en un mundo donde no faltan fuerzas —a veces personas, otras veces sistemas
enteros— empeñadas en que no sepas, en que tengas miedo y en que dudes de tu
propio valor. ¿Por qué? Porque alguien que desconoce, que teme y que no confía
en sí mismo es más fácil de controlar, de manipular o simplemente de silenciar.
Resistir
estos intentos no es un capricho individual. Es una forma de cuidarse, sí, pero
también de ejercer ciudadanía, de construir comunidad y de sostener el tejido
social. Cuando te limitan el acceso a la información, te siembran temor y te
desgastan emocionalmente, se instala en tu interior una sensación insidiosa:
“Nada de lo que haga sirve”. Ese pensamiento no surge de la nada; es el
resultado de una violencia lenta, que termina vaciando de sentido la propia
existencia.
Y
no, no se trata solo de una cuestión emocional o psicológica aislada. Hay
injusticia en juego. Siempre habrá quien busque minimizar tu voz para que
termines dependiendo del “experto”, del autorizado, del que “sí sabe”.
Por
eso, cuidar la salud mental no es solamente acudir al terapeuta o tomarse un
respiro. Es también un acto político. Tiene que ver con tener acceso a buena
información, con sentirte seguro en tu entorno, y con que reconozcan tu
dignidad sin condiciones.
Por,
José Gañan Bedoya.

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