domingo, 19 de octubre de 2025

Hay tres cosas contra las que siempre tendrás que luchar en la vida: que te quieran ignorante, que te quieran con miedo y que intenten bajarte la moral.


Esta frase, breve pero certera, encierra no solo una mirada crítica sobre el funcionamiento del poder, sino también una brújula íntima para el autocuidado.

Vivimos en un mundo donde no faltan fuerzas —a veces personas, otras veces sistemas enteros— empeñadas en que no sepas, en que tengas miedo y en que dudes de tu propio valor. ¿Por qué? Porque alguien que desconoce, que teme y que no confía en sí mismo es más fácil de controlar, de manipular o simplemente de silenciar.

Resistir estos intentos no es un capricho individual. Es una forma de cuidarse, sí, pero también de ejercer ciudadanía, de construir comunidad y de sostener el tejido social. Cuando te limitan el acceso a la información, te siembran temor y te desgastan emocionalmente, se instala en tu interior una sensación insidiosa: “Nada de lo que haga sirve”. Ese pensamiento no surge de la nada; es el resultado de una violencia lenta, que termina vaciando de sentido la propia existencia.

Y no, no se trata solo de una cuestión emocional o psicológica aislada. Hay injusticia en juego. Siempre habrá quien busque minimizar tu voz para que termines dependiendo del “experto”, del autorizado, del que “sí sabe”.

Por eso, cuidar la salud mental no es solamente acudir al terapeuta o tomarse un respiro. Es también un acto político. Tiene que ver con tener acceso a buena información, con sentirte seguro en tu entorno, y con que reconozcan tu dignidad sin condiciones.


Por, José Gañan Bedoya. 



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